Yudena Ayala Pérez

Después de haber viajado y trabajado en ámbitos diversos durante unos cuantos años, en 2012 decidí hacer de la alfarería mi oficio. Aunque seguí trabajando paralelamente en otras cosas, consagré todo el tiempo y energía que tenía a ese deseo; así, hice prácticas en talleres profesionales y pequeños cursos y animaciones para niños.

 

En 2014, con otras dos alfareras también aficionadas, alquilamos un local vacío en Luc en Diois (Francia) y lo transformamos poco a poco en nuestro taller de cerámica. La primera cocción la hicimos en octubre del 2016; para mí fue un momento inolvidable.

 

En cuanto a mi trabajo como alfarera, mi trayectoria me ha llevado a indagar en formas, volúmenes y materiales. Eso me ha llevado a elegir el uso de un solo esmalte con el objetivo de tener una uniformidad en la producción que caracterice mi obra.

 

Este esmalte está compuesto por una base de cenizas de lavanda (que recojo en la destilería local), feldespato, kaolin y talco y me gusta especialmente por su fórmula sencilla y natural. Soy muy sensible en mi vida en no utilizar productos nocivos para la salud y por eso también en la cerámica quiero encontrar las alternativas más naturales.

 

La tierra que utilizo principalmente es gres Normand de Saint Amand (Borgoña, Francia), cocida en reducción a 1280°C en un horno de gas.

 

La cerámica para mí es un modo de expresión y de vida.